Una paloma que no come Zucaritas
En días recientes publiqué dos Substacks sobre la dinámica electoral colombiana. En el primero, titulado La matemática no miente en esta encuesta presidencial, analicé la estadística y los resultados de las elecciones presidenciales desde 1994 y encontré patrones que deberían quitarle el sueño a cualquier estratega del bloque de derecha y centro-derecha. Y en el segundo substack, titulado No bote su voto, demostré matemáticamente que votar en listas pequeñas es, en la práctica, equivalente a irse a ver ballenas ese día porque el umbral y la cifra repartidora se encargan de borrar esos votos del mapa.
Hay algo que une mis dos textos anteriores: la obsesión por no desperdiciar el voto. Hoy toca aplicar esa misma lógica a algo más inmediato: La Gran Consulta por Colombia de este domingo. Y la conclusión, con todo el respeto que me merece Abelardo de la Espriella y sus seguidores, es que los argumentos que están circulando para no votar en dicha consulta es un tiro en el pie. Varios tiros, en realidad. Vamos por partes.
Este texto lo construyo desde el supuesto que Paloma Valenncia va a ganar esta consulta el domingo. Así mismo, explico la importancia de participar de forma masiva en dicha consulta.
Va a haber segunda vuelta
Muchos de los argumentos para no votar la consulta parten de una premisa muy curiosa: que los votos de Paloma son indispensables para que Abelardo gane la presidencia en primera vuelta. Pero, al mismo tiempo, circula el argumento contrario: que si Paloma llega fuerte en mayo, le quitaría votos a Abelardo y eso permitiría que Cepeda gane en primera vuelta. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. O los votos de Paloma son necesarios para que Abelardo gane, o son suficientes para que lo derroten. Las dos tesis son mutuamente excluyentes. Defender simultáneamente ambas posiciones no es una estrategia política sofisticada, es simplemente una contradicción lógica. Pero como en política la lógica suele ser la primera víctima del debate público, toca entonces hacer lo que rara vez se hace en campaña, explicar las matemáticas.
En el primer substack mostré que, en ocho elecciones en el formato de segunda vuelta, sólo ha habido triunfo en primera vuelta en dos oportunidades. Eso fue en el 2002 y 2006 cuando Uribe triunfó sin necesidad de segunda vuelta. El elemento característico en ambas elecciones fue la baja participación, pues es en esos ambientes donde el triunfo en primera se consolida. Cuando es evidente que un candidato va muy adelante y es muy fuerte, los votantes del segundo se desaniman. Para el 2026 tendremos una abultada participación, se espera superior al 55%, dato inferido de las encuestas, del ambiente altamente polarizado y del hecho estadístico que la participación viene creciendo de forma sostenida, y especialmente visible desde las últimas dos elecciones (cuadro abajo). Adicional a la alta participación, tendremos al menos seis (6) candidatos en primera vuelta, con Abelardo, Cepeda, Paloma, el triunfador entre Quintero y Roy, Claudia López y Fajardo. Entre esos seis candidatos se canibalizan votos en sus respectivos bloques, la izquierda va dividida, al igual que el bloque de derecha y lo mismo en el bloque del centro.
Con esos dos hechos, estadísticamente sería anómalo, por no decir imposible, que haya un triunfador en primera vuelta. A no ser que haya un hecho inesperado o violento en estos meses de aquí a mayo, lo más seguro es que tendremos nuevamente una segunda vuelta.
El argumento estadístico que los abelardistas ignoran
Nótese que no he usado el argumento que más les gusta a los seguidores de Paloma: que todas las encuestas, salvo Atlas Intel, muestran a Cepeda derrotando a Abelardo por amplio margen en segunda vuelta, y que Paloma atrae más a los indecisos y los centristas porque genera menos rechazo. No lo uso porque es un argumento que divide al bloque cuando lo que necesitamos es unirlo. En segunda vuelta, los votos de la derecha y la centro-derecha van a estar unidos detrás de quien haya ganado, ya sea Paloma o Abelardo. El debate de quién tiene mejor perfil para segunda vuelta es legítimo, pero es un debate para después del domingo, no para hoy.
El argumento estadístico relevante para hoy es otro, y es más frío. El tamaño del caudal con el que el bloque llega a segunda vuelta determinará cuántos indecisos y centristas se necesitan convencer para ganar. En el primer Substack establecí la regla del 4% que dice lo siguiente: si la diferencia en puntos porcentuales entre el primero y el segundo en primera vuelta supera ese umbral, no hay posibilidad alguna de reversión en segunda. En tres décadas de doble vuelta, nadie ha remontado una ventaja superior a 4 puntos, es un hecho consumado.
Afortunadamente sabemos, sin duda alguna, que los votos de Abelardo y Paloma son computables, es decir, que se pueden sumar en segunda vuelta. Será muy poca la interferencia de la izquierda y el centro votando por Paloma este domingo pues no tienen el incentivo de fortalecer al bloque adversario. Es como imaginar a un uribista votando por Roy Barreras el domingo con el argumento de debilitar a Cepeda. Podemos asumir tranquilamente entonces, que la suma de votos de Abelardo más los votos de Paloma en primera vuelta se consolidan limpiamente en segunda; lo mismo con los votos del bloque de izquierda. Y para que esa segunda vuelta sea competitiva con posibilidades reales de ganar, la siguiente condición se debe cumplir en primera vuelta:
Es decir, la suma del bloque de derecha en primera vuelta no puede quedar más de 4 puntos por debajo de la suma del bloque de izquierda. Si queda por debajo de ese umbral, la historia colombiana dice que la reversión en segunda es prácticamente imposible.
Si tomamos la encuesta más reciente de Guarumo para primera vuelta, y aplicamos la ecuación, vemos que: 22.6 % Abelardo + 10.0% Paloma, comparado con 31.7% Cepeda + 0.8% Quintero + 1.1% Roy, nos da que el bloque de derecha es competitivo y está en cumplimiento de la regla del 4%. Esa misma encuesta marca a Claudia López con 5.0% y Fajardo con 3.6%.
La aritmética es simple y más brutal. El bloque suma hoy 32.6% en primera y para ganar en segunda vuelta necesita 50 % + 1*. Le faltan 17.4 puntos porcentuales. El voto de centro declarado (Claudia + Fajardo) es apenas 8.6%, y eso asumiendo que todo ese voto migre al bloque, lo cual la historia muestra que nunca ocurre al 100% y de hecho es más probable que tienda al voto en blanco o incluso hacia Cepeda.
(*): a efectos del ejercicio, digo que se necesita 50 % + 1 en segunda vuelta. En la realidad gana es el que saque la mayor votación en esa jornada. Como eso no se sabe aún, para efectos de la pegagogía es que digo que gana con 50% más un voto.
Hay entonces un déficit estructural grande de votos para segunda vuelta que sólo puede cerrarse con dos palancas:
Más votos propios en primera vuelta.
Mayor captura de indecisos en segunda vuelta.
La consulta activa la primera palanca. La abstención que pregonan algunos la desactiva. La segunda palanca dependerá de los mensajes, de la fórmula vicepresidencial, del contexto político del país en los próximos meses y, por supuesto, de los errores de los contendores.
Y aquí está el punto que muchos no quieren calcular: cada votante de Abelardo que se abstiene el domingo no está “guardando” su voto para mayo. Está debilitando el caudal total del bloque en primera vuelta y ampliando la brecha que luego habrá que remontar. Una consulta con alta participación no sólo define candidato: calibra el tamaño del bloque.
Los argumentos abelardistas
Ya mostramos con matemáticas porque es importante votar por Paloma este domingo. Pero, si estos argumentos no convencen, toca entonces desnudar cada argumento que intenta convencer de lo contrario.
Desde diciembre, cuando De la Espriella le envió su carta a Uribe, el movimiento ha construido un repertorio de razones para no votar la consulta. Los argumentos, algunos más sólidos que otros, se pueden enumerar así:
Las firmas son un mandato popular que la consulta diluiría.
Las consultas son un gasto innecesario de recursos públicos.
La consulta fragmenta más de lo que une.
Una Paloma fortalecida debilita la posición de Abelardo en primera vuelta e imposibilita su triunfo.
Los partidos bisagra (Liberal, Conservador, La U) se unen a candidatos fuertes, y con Paloma disputando votos a Abelardo es probable que los bisagra se vayan a Cepeda.
Votar la consulta es sumar a la participación de Santistas que seguro influirán en las decisiones en adelante (Cárdenas, Pinzón, Gaviria, Luna, Oviedo).
No es coherente votar en una consulta que elegirá un candidato que no pienso votar. Distorsiona el ejercicio electoral, generando votos que no existen.
El mensaje de fortaleza de la derecha debe venir de una elección de congreso, no de la consulta.
Mensaje ambiguo que se le envía al votante “de a pie” que no interpreta datos y que al ver a Paloma ganando la consulta asume que es por ella por quien hay que votar en primera.
Todos esos argumentos tienen un eje conductor común. El votante de Abelardo considera que Paloma es el enemigo a vencer, y asumen que debilitarla los fortalece a ellos. Es el error político más clásico que existe: confundir al rival con el adversario. Paloma es la rival pues compite por los mismos votos. Cepeda es el adversario, pues es quien define si el bloque gana o pierde en segunda vuelta. Cuando el votante de Abelardo se abstiene para no sumarle votos a Paloma, no está derrotando al enemigo. Está ayudando exactamente al candidato que los dos, Abelardo y Paloma, necesitan derrotar.
Inicialmente al escribir este substack, y llegado a este punto del texto, escribí muchas líneas para contraargumentar cada punto. Por ejemplo, el punto 6 lo desnudé diciendo “Votar la consulta suma a los santistas. Sí, todos ellos también participan. Pero la consulta es una competencia, no una alianza, a pesar que la Ley los obliga a apoyar al ganador en primera (no tan claro para segunda). Votar por Paloma no es avalarlos a ellos, es exactamente lo contrario: es asegurarse de que no sean ellos quienes representen al bloque en mayo. Abstenerse para no sumarles participación es regalarle la consulta al candidato que menos conviene”. Y el punto 1 lo desnudé diciendo “Las firmas son un requisito legal de inscripción, no una elección. Decir que un mecanismo donde los ciudadanos votan “diluye” el mandato ciudadano es una contradicción que no resiste el análisis. Si las firmas fueran un mandato vinculante, no habría para qué ir a primera vuelta.”
Y así, con cada punto, encontré argumentos potentes que considero son muy irrefutables. Pero, el texto se volvía muy largo, tedioso y perdía la contundencia que buscaba. Encontré un argumento sencillo que responde a todos de forma poderosa y simultánea. Lo importante es el bloque, no el candidato particular. Cada uno de los argumentos abelardistas describe un problema real o imaginario con la consulta, pero ninguno propone una solución mejor para el bloque. Y en política, como en matemáticas, un argumento sin alternativa no es un argumento, es una queja. Pero hay algo peor que una queja sin alternativa, y es una queja que beneficia exactamente a quien dice combatir. Le pido a cada lector que haga el ejercicio, tome la lista de los 9 argumentos y pregúntese quién gana si todos esos argumentos funcionaran. No gana Abelardo, gana Cepeda, siempre.
Pedagogía
El domingo cuando se presenten en la mesa de votación, pidan el tarjetón para consultas. Sino lo piden, los jurados no están obligados a dárselo. Y, hay que tener cuidado este año. Es la primera vez que todas las consultas vienen en un mismo tarjetón. Sólo se puede votar por un candidato de una sola consulta, si se votan candidatos de diferentes consultas el tarjetón se anula.
Y obvio que en segunda votaré por el que enfrente al enemigo de la libertad, eso ni se pregunta.
Abajo como debemos votar por Paloma el domingo:
Nota del autor:
Este artículo contiene opiniones del autor sobre el diseño institucional y la coyuntura política actual. No constituye asesoría electoral ni pretende imponer una posición, sino invitar a la reflexión sobre la utilidad estratégica del voto.




Muchas gracias Nicolas por educarnos y enseñarnos sobre este tema.
Nicolás excelente análisis como siempre. Lo del fundamento matemático impecable. Creo que Abelardo ha dado pasos en falso, uno no haber ido a la consulta y dos hacerle guerra a la consulta de Paloma, y ojo aclaró que sigue siendo el candidato que más me seduce para derrotar al continuismo de Petro. Pero aquí hay algo claro y primero es Colombia con libertad, así que nuestros deseos particulares no deben estar por encima de eso. Así las cosas hay que fortalecer el bloque, es decir que Paloma gane, se haga fuerte y para las elecciones presidenciales ir una derecha más fuerte o consolidada. Esto se trata de ganar y a veces hay que tragarse sapos como los que están en la consulta