No bote su voto
Por favor!
La cruda verdad: Hay votos que no valen
En época electoral, y más aún en vísperas de elecciones a Congreso, todos repetimos la misma consigna: “todo voto cuenta”. Eso suena bonito, democrático y hasta lógico. Pero la realidad es que eso no es matemáticamente cierto. Y no es por fraude, ni por trampa, sino por diseño institucional. Si vamos a votar en Cámara y Senado en Colombia, necesitamos entender algo muy incómodo: nuestro voto no siempre vale lo mismo que el del vecino. De hecho, puede valer cero.
En un año donde nos estamos jugando el futuro de las libertades individuales en Colombia, estas elecciones del 8 de marzo son incluso más importantes que las de Presidencia. El Congreso de la República demostró en la última legislatura que fue la institución que más ayudó a frenar los embates autoritarios de un Gobierno muy proclive a cercenar las libertades individuales. Un Gobierno que sin tapujos llama a diario a restringir la libertad de expresión, a subir impuestos de forma expropiatoria, que gobierna con derroche y sin técnica, que permanentemente llama a la confrontación, un gobierno que es una oda misma al desgobierno y a la complicidad con el crimen. En últimas, es el gobierno más nefasto y corrupto que hemos tenido en toda la vida republicana del país, y eso que gobiernos malos hemos tenido muchos. Y fue esta última legislatura la que precisamente nos enseñó que necesitamos una oposición sólida y unida en el Congreso para resistir los nuevos embates que se vienen, llegado el infortunado, pero no poco probable caso que el nuevo gobierno sea de la misma nefasta línea. Pero, si elegimos un gobierno decente y competente, éste va a requerir el acompañamiento de un Congreso unido. Independiente de lo que ocurra en la elección presidencial, necesitamos un Congreso mayoritario y unido.
¡Es por lo anterior, que cada voto cuenta... pero sólo cuenta si no botamos el voto!
No todos los votos compiten en la misma cancha
Para entender la utilidad del voto hay que separar dos elecciones distintas que ocurren el mismo día:
Senado de la República: circunscripción nacional, 100 curules. Se suman 2 de circunscripción especial indígena y un senador que será el candidato a la Presidencia de la República que ocupe el segundo lugar de las elecciones presidenciales. Un total de 103 senadores para la legislatura 2026 a 2030.
Cámara de Representantes: Mayoritariamente es una circunscripción departamental, con número variable de curules según población. Son un total de 161 curules repartidas por departamentos y Bogotá, más 16 circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, más 2 curules para comunidades afrodescendientes, más 1 curul comunidad indígena, más 1 curul para la comunidad raizal, más 1 curul de los colombianos en el exterior y por último 1 curul del estatuto de oposición asignada a la fórmula vicepresidencial que ocupe el segundo lugar en las elecciones presidenciales. Un total de 183 representantes para la legislatura 2026 a 2030.
La naturaleza de ambas elecciones es bien diferente. En Senado, los candidatos compiten contra todo el país, mientras que, en Cámara, los candidatos compiten dentro de su propio departamento. La cancha no es la misma.
Y adicionalmente al tema de las circunscripciones, está el tema del umbral, la cifra repartidora y la naturaleza de “lista abierta” vs “lista cerrada”. Entender estos conceptos es fundamental para explicar lo importante de votar en listas que definitivamente van a pasar el umbral y no en listas que no tienen el panorama tan claro, y su impacto final en el número de curules. Vale más un voto en un partido grande, que un voto en uno nuevo o pequeño, así de fácil.
El umbral: la puerta de entrada
Con la Reforma Política (Acto Legislativo 01 de 2003) se introdujo el umbral. La lógica detrás del umbral era reducir la atomización, forzar la consolidación partidista e incentivar coaliciones previas a la elección. Sin embargo, en defensa de la más pura libertad y derecho a la representación del voto, el umbral es una intervención institucional sobre la proporcionalidad perfecta. No busca que cada voto tenga el mismo resultado, sino que busca que el sistema sea gobernable. Más allá de la discusión teórica sobre el umbral y su impacto sobre la representación política directa, la realidad es que el umbral existe legalmente. Y esa mera existencia determina que no todos los votos valen lo mismo.
Vamos por partes.
En Senado: Por tratarse de una votación nacional, la ley exige que un partido debe sobrepasar el 3% de los votos válidos depositados para senado. Considerando el incremento en el censo electoral (41.2 millones de colombianos habilitados para votar en 2026) y la expectativa de una mayor participación, se estima que para Senado van a votar unos 20 millones de colombianos este próximo 8 de marzo. Con ello, el umbral va a quedar aproximadamente en 600.000 votos. Si un partido logra 500.000 votos, una cifra nada despreciable, al no llegar al umbral, no aplica para la repartición de votos. En ese ejemplo, los 500.000 votos se pierden. En el 2022 por ejemplo, el partido Nuevo Liberalismo “se quemó” y no llegó al umbral, a pesar de una campaña exitosa y con candidatos muy visibles. O si queremos ver el ejemplo más cruel de todos, miremos a Gilberto Tobón, con 170.000 votos a Senado, y con ello se ubicó en el No. 5 de los senadores más votados, pero el movimiento que lo respaldó (Fuerza Ciudadana) no llegó al umbral, y los votantes del Profesor Tobón literalmente botaron sus votos.
En Cámara: Aquí la lógica es distinta porque no se trata de una circunscripción nacional sino departamental (salvo las especiales). Aquí el umbral no es un 3% fijo nacional, sino que opera en cada departamento sobre los votos válidos de esa circunscripción. En Cámara, el umbral se calcula como el 50% del cociente electoral de cada circunscripción departamental. Y el cociente se calcula así: votos válidos ÷ número de curules = cociente. A manera de ejemplo, Antioquia elige ahora 17 curules para Cámara, mientras que Bogotá elige 18 y el Valle 13. En Antioquia, por ejemplo, se esperan unos 2.5 millones de votos válidos para Cámara, con lo que el umbral para este órgano en Antioquia da:
Cociente Electoral = 2.500.000 ÷ 17 =147.000 aproximadamente, que al multiplicar por 50% da 73.500 votos. Es decir, en Antioquia un partido necesita sacar más de 73.500 votos para pasar el umbral.
Hay una confusión muy común, que es creer que entonces con 73.500 votos ya se tiene una curul. Faltan muchos votos para llegar a esa conclusión, veamos la razón.
La cifra repartidora: Lo que trunca la linealidad
En Colombia, cuando hablamos de cifra repartidora, estamos hablando del método D’Hondt. El método fue creado por el jurista belga Victor D’Hondt en el siglo XIX y es una fórmula matemática para repartir escaños de manera escalonada. Este método se aplica tanto a Cámara como a Senado, pero sólo a los partidos que superaron el umbral, según su definición propia en cada órgano. El método D’Hondt rompe la proporcionalidad continua, siendo proporcional pero sólo por tramos discretos. Y esa es la clave de los resultados. Precisamente por ello el partido que obtiene el 5% de los votos en Senado, no obtiene necesariamente el 5% de las curules. El efecto político del método es que premia la concentración, castiga la fragmentación y otorga una pequeña prima de gobernabilidad al partido mayoritario.
Supongamos que hay 5 curules por asignar y tres partidos obtienen la siguiente votación: Partido A: 100.000 votos / Partido B: 60.000 votos / Partido C: 40.000 votos. En este ejercicio, digamos que es para Cámara y el umbral, calculado como vimos anteriormente, fue de 25.000. Los partidos que sobrepasaron el umbral fueron sólo el A, B y C. Los demás partidos no participan de la repartición. Se divide la votación de cada partido por 1, 2, 3, etc, y se organiza la siguiente matriz.
Ahora se toman los 5 números más altos de toda la matriz (el número de curules), marcados en amarillo, y en ese orden se reparten las curules. El Partido A obtiene 3 curules, y los otros dos de a 1 curul cada uno.
Nótese que no hay proporcionalidad directa y lineal, el Partido A obtuvo 50% de los votos, pero se hizo al 60% de las curules. Y el Partido B, que sacó 50% más votos que el C, quedó con las mismas curules.
Independiente si el tema es Senado o Cámara, la consecuencia del método D’Hondt es demoledor. Los partidos que no pasan el umbral quedan excluidos del reparto de curules. Sus votos sí contaron para calcular el umbral, pero no les generaron ninguna representación. Las curules que habrían obtenido se redistribuyen entre los partidos que sí pasaron, beneficiando proporcionalmente a los más votados.
La conclusión es ácida: en el tarjetón todos los votos pesan lo mismo. En la asignación de curules, no todos producen el mismo resultado.
Lista abierta vs lista cerrada
En términos de asignación de curules entre partidos, la fórmula (cifra repartidora / D’Hondt) funciona igual para lista abierta o cerrada: el total del partido es lo que cuenta. Pero el efecto práctico cambia:
En lista cerrada, su voto fortalece el bloque completo y respalda un orden ya pre-definido por el partido.
En lista abierta, su voto no sólo suma al partido, sino que compite internamente por quién entra.
En Colombia es tradición que las listas a Cámara sean abiertas. Para este marzo, tal vez la lista del Pacto Histórico en Bogotá es la lista más llamativa en formato de lista cerrada. La grandísima mayoría de listas en todas las demás regiones por Cámara va en formato lista abierta.
Para Senado el tema es más dividido. Hay listas cerradas que van a mover mucha votación, principalmente Centro Democrático y Pacto Histórico, pero hay otras tradicionales en formato lista abierta como Cambio Radical, Partido Liberal, y Partido Conservador.
Voto útil
Vimos en detalle que, en sistemas con umbral y cifra repartidora, la fragmentación entre partidos ideológicamente cercanos puede traducirse en pérdida neta de representación. Cada elector debe evaluar si su voto maximiza la representación del bloque que defiende o si, por el contrario, diluye esa fuerza en un momento institucional crítico.
Si queremos un Congreso de la República eficaz, mayoritario y poderoso, y conformado por personas que defienden las ideas de la libertad, con un Estado austero que brinde seguridad y que proteja el libre mercado, necesitamos que nuestro voto cuente. En este texto vimos que lo debemos depositar en partidos que nos dan 100% de certeza que van a superar el umbral. Tenemos unas elecciones donde no es momento de inventar o innovar, el riesgo es demasiado alto. Personalmente no voy a arriesgar ahora mi voto en emprendimientos o aventuras electorales, es la hora de la verdad y sus consecuencias.
Mi voto lo doy al partido que de forma más consistente defendió la institucionalidad desde el Congreso en esta legislatura que termina. Y por más reservas que tenga, los errores de sus líderes, críticas que tuve en el pasado (algunas con mucha razón y otras más de gusto político), para mi ese partido, sin duda alguna, es el Centro Democrático. Y no hay la más mínima duda que ese partido va a pasar el umbral. Por lo tanto, mi voto es absolutamente racional y soportado en la matemática. Ese voto va por la lista cerrada al Senado del Centro Democrático y en Cámara por Antioquia voy por Federico Hoyos (104) del mismo partido.
Y con todo el respeto que se merecen todas las personas que piensan votar por las listas de Salvación Nacional y Creemos (y otras listas afines), todas ellas con personas muy buenas y que representan las mismas ideas de la libertad: ¡no boten el voto!
En Senado por ejemplo, la matemática no miente, con los datos esperados, si llegan a 400 o 500 mil votos, que es lo más probable, no van a pasar el umbral de los 600.000 y serán 2 o 3 curules que no se suman al bloque de las ideas de la libertad y la prosperidad.
Y, si de milagro llegan raspando al umbral, que sería a lo máximo que pudieran aspirar, esos 600.000 votos sumados a los votos ya existentes del Centro Democrático producirían más curules en total para el bloque de la libertad que 600.000 votos aislados en una lista que apenas raspó el umbral. Así funciona la cifra repartidora.
En resumen, el efecto práctico y matemático de votar por esas listas es el idéntico a irse a ver ballenas ese día.
Nota del autor:
Este artículo contiene opiniones del autor sobre el diseño institucional y la coyuntura política actual. No constituye asesoría electoral ni pretende imponer una posición, sino invitar a la reflexión sobre la utilidad estratégica del voto.



Ojalá hubiera también una materia en el cole o una cátedra en la U acerca de este tema...la mayoría, por sentimentales, terminamos botando el voto
Ya mismo lo difundo por todas las listas de Whatsapp de las tías, para que llegue a ojos y oídos de todos!! gracias por el tiempo Nico, gran articulo como siempre!