La encuesta que importa
Midiendo la toxicidad ideológica
La política ya no se disputa en las urnas, sino en el diccionario
En los últimos cuatro substacks de la serie sobre la Batalla Cultural hemos llegado a una conclusión tan inquietante como ineludible: la política contemporánea ya no se disputa con ideas, sino con palabras. No con argumentos, sino con marcos mentales. Hoy la lucha por el poder ya no pasa por demostrar quien tiene la mejor propuesta, sino quien captura primero el significado de las palabras. Vimos que quien consigue cambiar los significados logra activar marcadores cognitivos afines a su ideología colectivista, y es así como logran moralizar los significados. A pesar de la muy efectiva manipulación, hay una excelente noticia: esa manipulación deja huellas. Y esas huellas se pueden medir. Así como un químico puede identificar toxinas en un laboratorio, nosotros podemos identificar toxinas lingüísticas en un discurso político. Podemos rastrear, calcular y clasificar a los candidatos presidenciales según el volumen de palabras tergiversadas, ese diccionario de términos cargados que el progresismo utiliza a diario para justificar mayor control estatal, ingeniería social e intervencionismo moral.
Aprovechando que estamos en pleno año electoral en Colombia, decidí hacer un ejercicio raro: medir la ideología no por lo que prometen, sino por el lenguaje que usan.
Para hacerlo, lo ideal hubiera sido evaluar los planes de gobierno de cada candidato. Esos planes normalmente vienen en forma de texto estructurado, denso y abundante. Sin embargo, en Colombia ha sido tradición que la publicación de planes de gobierno está asociada con el ciclo electoral formal, que se intensifica una vez los candidatos están inscritos oficialmente ante la Registraduría Nacional del Estado Civil. Y ese ciclo de inscripciones formales arranca en enero 31 y va hasta mediados de marzo, con lo que no vemos planes de gobierno desde ahora.
En razón a esa limitante, acudí a textos de lo que cada candidato ha publicado en sus páginas web oficiales: discursos, manifiestos, propuestas, columnas, comunicados. Traté de hacer una muestra grande, superando siempre un mínimo de 6.000 palabras por candidato. Me enfoqué en los seis candidatos que lideran la última encuesta de Invamer, excluyendo a Miguel Uribe Londoño, cuyo partido retiró su aval y hoy no es claro que vaya a ser candidato. En el caso de Pinzón me tocó acudir a transcripts de entrevistas que ha dado pues su página web tiene muy poco texto para analizar. Generé un archivo Word para cada candidato, con los textos disponibles en sus páginas oficiales y crucé cada archivo contra el diccionario completo de marcadores negativos que construiré más abajo en este texto. Ese diccionario contiene más de 100 palabras asociadas a la retórica colectivista, redistributiva, identitaria o revolucionaria. Palabras que funcionan como sensores ideológicos que nos permiten inferir la mentalidad que subyace al discurso. El resultado es simple y brutal: el candidato con mayor número de marcadores es el que tiene la mayor toxicidad ideológica*, y el que tiene mayor toxicidad es, objetivamente, el mayor enemigo de la batalla cultural por la libertad. No es opinión, no es interpretación, es estadística lingüística aplicada a la política. Al cierre del texto dejo la ficha técnica de como ejecuté el ejercicio.
(*): Toxicidad ideológica: definido en términos de densidad, como el número de marcadores por cada 1.000 palabras. En términos estrictos, la “toxicidad’ no describe contenido doctrinal, sino densidad relativa de marcadores ideológicos dentro del discurso.
Diccionario completo de marcadores negativos
La clave del ejercicio está en el diseño apropiado del diccionario de marcadores negativos. Obviamente que la selección de las palabras del diccionario es subjetiva, y por tanto el ejercicio tiene alta carga de subjetividad. Sin embargo, cuando aparecen esas palabras “cargadas” repetidamente en un programa político, lo que revelan es algo muy distinto a una propuesta, revelan una cosmovisión y, sobre todo, revelan una intención, la de expandir el rol del Estado y reducir la agencia del individuo. El diccionario lo articulé alrededor de seis dimensiones básicas:
Marcadores de ideología colectivista y redistributiva: Estas son palabras estructurales en discursos que justifican intervención o redistribución.
Marcadores de retórica revolucionaria y lucha de clases: Los que convierten la política en moral de buenos contra malos, opresores vs oprimidos, víctima vs victimario.
Marcadores de lenguaje identitario: Fomenta divisiones por grupos, identidades y colectivos, reemplazando al individuo.
Marcadores de expansión estatal e intervencionismo: Señalan políticas donde el Estado es solucionador universal.
Marcadores del tecno-lenguaje multilateral (ONU, PNUD, CEPAL): Importados del aparato burocrático internacional, típicos en el progresismo institucional.
Marcadores morales y sentimentales: Palabras que sustituyen razones por emociones colectivas.
Alrededor de cada una de esas seis dimensiones, logré agrupar unas palabras claves y sus combinaciones. El diccionario completo lo podemos ver en la siguiente imagen, más de 100 términos que nos sirven de sensores lingüísticos. Seguramente el diccionario se puede ampliar, pero con más de 100 términos considero que ya es suficiente para hacer un ejercicio representativo e ilustrativo que es el objetivo central del escrito.
Por supuesto, que una palabra aparezca en un texto no implica, por sí sola, que el autor adhiera a la ideología asociada a ese marcador. Toda metodología de análisis textual enfrenta lo que en estadística se denomina error de clasificación, tipo I y tipo II:
Falsos positivos: cuando una palabra aparece, pero no refleja adhesión ideológica sino que refleja una crítica, una cita o un contexto neutro.
Falsos negativos: cuando la ideología está presente, pero el político evita el vocabulario explícito y usa eufemismos.
Sin embargo, en análisis lingüístico aplicado a discursos políticos, estos errores se atenúan significativamente mediante dos mecanismos:
Ley de los grandes números lingüísticos: Cuando el cuerpo es suficientemente grande (miles de palabras), las apariciones aisladas tienden a diluirse, y lo que emerge no es un accidente semántico sino un patrón sistemático de repetición. Un candidato puede usar “equidad” una vez para criticarla, pero nadie usa equidad, igualdad sustantiva, desigualdad estructural, redistribución, justicia social, todo junto y repetido múltiples veces por error. La repetición masiva no es ruido, es señal.
Redundancia ideológica del discurso político: Los discursos programáticos suelen tener coherencia interna, las mismas palabras, marcos y metáforas reaparecen porque reflejan una visión del mundo. Por eso, en lingüística computacional se considera que la repetición es un indicador robusto de intencionalidad, no de azar retórico. Un candidato que critica la igualdad puede mencionarla una vez, pero un candidato que fundamenta su programa en la igualdad la menciona muchas veces.
Los resultados: sin muchas sorpresas
Antes de correr el diccionario por cada uno de los textos de los candidatos, la intuición personal me decía que Cepeda debía marcar altísimo en toxicidad ideológica. El resultado ratificó de lejos esa intuición. Sin embargo, la intuición me decía que Abelardo iba a ser el de menos toxicidad, pero el análisis técnico arrojó algo ligeramente diferente.
Abajo la tabla de resultados, en orden de mayor a menor toxicidad ideológica, y más abajo un análisis detallado:
Vamos al detalle de lo que significan los números.
Iván Cepeda
Análisis Técnico
Este candidato no solamente es el más ideologizado, sino que lo está a un nivel estructural. Su toxicidad de 11.02 marcadores por cada 1.000 palabras significa que 1 de cada 91 palabras pertenece al universo conceptual del progresismo estatista. Ese nivel de saturación no ocurre por accidente, revela una arquitectura discursiva coherente y programática. Una persona que hable a ritmo pausado, como es el caso de Cepeda, pronuncia cerca de 120 palabras por minuto, lo que implica que cada 45 segundos emite un marcador ideológico. Esto no es un político que usa ocasionalmente un marco progresista, es un político cuyo ADN discursivo es progresista, donde la ideología no acompaña al mensaje, sino que lo constituye.
Además de su densidad global, su semántica interna sugiere algunos patrones:
Sobresaturación revolucionaria: 24 veces revolución, 20 veces pueblo, 21 veces pobreza. Su discurso indica que está ensamblado sobre el eje clásico pueblo vs élite, opresión vs emancipación, con alta carga emocional y narrativa de confrontación moral.
Fuerte presencia de progresismo redistributivo: igualdad (6), igualdad sustantiva (3), equidad (3). Esto indica una orientación explícita hacia la ingeniería social institucionaliza de redistribuir, nivelar, corregir, intervenir.
Uso intensivo del progresismo moralizante: paz (39 veces) y memoria (7). En su discurso, el pasado se convierte en trauma, el presente en lucha moral y la paz en horizonte redentor. Es la semántica clásica de la política como misión salvadora.
El texto no evidencia simplemente un sesgo ideológico, evidencia una cosmovisión totalizante, donde cada componente semántico apunta al mismo destino: justificar más Estado, más poder y más control moral sobre la sociedad.
Análisis Cínico
Iván Cepeda no sólo cambia significados, los nacionaliza. Cada palabra que toca deja de ser un concepto y se convierte en un trámite ideológico. Es tan consistente que no necesita disputar la Batalla Cultural, ya se sabe dueño del diccionario.
Vicky Dávila
Análisis Técnico:
Vicky combina tres elementos lingüísticos característicos: lucha social suave (ricos, pobres, pueblo), intervencionismo estatal light (subsidios, intervención, inversión social) y guiños ambientales (sostenibilidad). Con una toxicidad de 3.02 marcadores por cada 1.000 palabras, es la más estatista del grupo de centro y derecha. A un ritmo moderado de oratoria, esto significa que lanza un marcador ideológico aproximadamente cada 3 minutos. No es progresista doctrinal, pero opera dentro de un progresismo blando, mezclado con estatismo intuitivo y retórica emocional. La estructura es más mediática que doctrinal.
Los patrones específicos refuerzan esta lectura:
Lenguaje redistributivo con tono de espectáculo: subsidios (3), intervención (3), inversión social (1). No es ingeniería social, es asistencia social dramatizada, al estilo de denuncia en noticiero.
Lucha social sin teoría de clases: ricos (1), pobres (3), pueblo (1), lucha (4). Es una indignación moral, no un marco marxista. Opera desde la emoción, no desde una visión estructurada del conflicto social.
Lenguaje discontinuo: a diferencia de Cepeda, Vicky no activa “clusters” semánticos completos. Usa palabras aisladas, tácticas y reactivas. Esto sugiere un discurso que responde al clima emocional del momento, más que uno que construye un marco conceptual.
En síntesis, Vicky exhibe inclinación estatista y sensibilidad redistributiva, pero no un progresismo integral. Su semántica revela más el estilo de un medio de comunicación que el de un proyecto ideológico, lleno de frases fuertes, retórica instantánea, y no parece tener arquitectura profunda.
Análisis Cínico
Vicky usa las palabras como si estuviera en Máster Chef: un poco de “igualdad”, un toque de “lucha”, tres cucharadas de “subsidios”, una pizca de “pueblo”. No cambia significados, los sobreactúa. Es como si pensara que el Estado se maneja igual que un noticiero, con titulares fuertes, emociones rápidas y conceptos que cambian con el rating. En la Batalla Cultural, no construye marcos, dramatiza palabras.
Abelardo de la Espriella
Análisis Técnico
El estudio muestra que Abelardo no es progresista, pero sí tiene elementos de populismo semántico. Sus 13 menciones de pueblo constituyen casi el 70% de todos sus marcadores. Si elimináramos ese único término, su toxicidad caería a 0.90 marcadores por cada 1.000 palabras, de lejos la más baja de todos los candidatos. Es decir, sin “pueblo”, Abelardo prácticamente no registra carga ideológica progresista ni estatista. El hecho que una sola palabra concentre casi el 70% de sus marcadores revela un patrón lingüístico distinto al de los otros candidatos. Pueblo no expresa una política pública, sino una identidad emocional. Un discurso dominado por “pueblo” sugiere un marco tribal, no doctrinal. No construye teoría social, construye pertenencia. No ordena un programa redistributivo, sino un antagonismo moral de pueblo vs élites, nosotros vs ellos.
En términos estrictamente técnicos, el texto de Abelardo muestra una semántica de confrontación, no de ingeniería social. No habla desde el progresismo, sino desde la épica del pueblo indignado, típica retórica de un outsider que necesita demostrar que representa a un “nosotros” abstracto y emocionalmente cargado. A pesar de utilizar vocablos que superficialmente se parecen al progresismo, su toxicidad total es baja (2.56), lo que confirma que está muy lejos del progresismo doctrinal. Su lenguaje no articula un marco conceptual estatista, sino un relato identitario de movilización emocional.
Análisis Cínico:
Abelardo es tan anti-progresista, que termina usando medio diccionario progresista en modo teatral. Dice “pueblo” trece veces, probablemente para asegurarse de que nadie lo confunda con la élite que él mismo integra. No cambia significados, los declama. Su batalla no es cultural, es ópera barroca.
Sergio Fajardo
Análisis Técnico
Con una toxicidad de 1.53 marcadores por cada 1.000 palabras, Fajardo es uno de los candidatos menos ideologizados del espectro. Su baja densidad no proviene de neutralidad moral, sino de tecnocracia pura. Su lenguaje no opera desde la épica, ni desde la lucha de clases, ni desde la justicia redistributiva, sino desde un progresismo técnico, administrativo, sin carga emocional ni militancia narrativa.
Su estructura semántica se apoya en tres ejes:
Tecno-lenguaje multilateral: gobernanza (2), desarrollo sostenible (1), enfoque territorial (1). Son marcadores propios del progresismo institucional, pero usados de manera instrumental, no doctrinal.
Ausencia de retórica de antagonismo: términos como pueblo, oprimidos, opresores, privilegiados, justicia histórica o reparación no aparecen. Fajardo evita conscientemente la épica del conflicto.
Lucha despolitizada: aunque la palabra lucha aparece en múltiples ocasiones, su uso es genérico (“luchar por la educación”, “luchar por la ciencia”), sin contenido marxista ni estructural. Es un verbo motivacional, no un marco ideológico.
Su texto se parece más a un informe de gestión que a un manifiesto. Carece de clusters ideológicos y de narrativa emocional. No disputa significados, los administra. No construye antagonismos, construye procedimientos. Por eso, su toxicidad es mínima, su lenguaje no está diseñado para adoctrinar, sino para operar.
Análisis Cínico
Fajardo es tan tibio que ni siquiera participa en la disputa por el lenguaje. Sus textos son más aburridos que una cartelera de Comfama. En la Batalla Cultural, donde una sola palabra puede definir un marco moral entero, Fajardo es el candidato que ni empuja, ni jala, ni incomoda.
Juan Carlos Pinzón
Análisis Técnico
Este candidato tiene una toxicidad de 1.38 marcadores por cada 1.000 palabras, la más baja del grupo. Pero lo relevante no es la cifra en sí, sino la naturaleza de los términos que activa. Los pocos marcadores que aparecen provienen de un registro crítico, no doctrinal, donde términos como ricos (5) y pobres (4) funcionan como descriptores de inequidad o ejemplos analíticos, no como ejes de una narrativa ideológica. El análisis muestra tres rasgos distintivos:
Ausencia total de progresismo institucional: no utiliza ODS, cambio climático, resiliencia, gobernanza ni ninguno de los marcadores típicos del tecno-lenguaje multilateral. Esto indica que su discurso no participa del ecosistema semántico del progresismo global.
Ausencia de lenguaje identitario: no aparecen enfoque de género, minorías, discriminación estructural ni patriarcado. Su texto no opera desde la gramática contemporánea de colectivos, sino desde la lógica administrativa.
Registro descriptivo y analítico: el discurso de Pinzón es esencialmente burocrático, más cercano a un informe técnico que a un manifiesto político. No intenta capturar significados ni disputar marcos; describe, enumera, diagnostica.
Pinzón no usa el diccionario del progresismo, usa un léxico frío, institucional y procedimental. Su baja toxicidad no sólo indica distancia ideológica, sino también distancia narrativa. Su lenguaje no está diseñado para movilizar emocionalmente ni para construir antagonismos, sino para explicar, especificar y administrar.
Análisis Cínico: Pinzón habla de “ricos y pobres” como si estuviera redactando un informe del Banco Mundial que nadie le pidió. Es más rígido que una auditoría del Icontec. No cambia significados, los protocoliza. En la Batalla Cultural, Pinzón es el candidato que sólo entra al debate si existe un decreto que lo autorice.
En resumen, cada candidato usa el lenguaje a su manera: Cepeda lo convierte en dogma, Vicky en espectáculo, Abelardo en arenga, Pinzón en protocolo, y Fajardo en silencio tibio.
Cierre
Más allá del ejercicio práctico que hicimos, este diccionario funciona como un Firewall Semántico para la batalla cultural. Detecta contaminación lingüística, bloquea marcos manipulados y desactiva los virus que buscan convertir la ideología en verdad revelada. Si el progresismo infiltró el lenguaje, esto es lo más parecido a un antivirus para proteger la libertad. Durante años han instalado malware lingüístico donde igualdad deja de ser igualdad, justicia deja de ser justicia, pobreza deja de ser pobreza. No debaten, hackean. Pues bien, este diccionario es el sistema que permite detectar cuándo te quieren instalar ingeniería social disfrazada de sentido común.
Ficha técnica del ejercicio
La construcción de los textos se tomó aleatoriamente de la página web de cada candidato:
Iván Cepeda: ivancepedacastro.com
De aquí se tomaron 10 artículos, suficiente para más de 10.000 palabras
Abelardo de la Espriella: defensoresdelapatria.com
De aquí se tomaron 12 artículos, suficiente para más de 7.500 palabras
Vicky Dávila: vickydavilaoficial.com
De aquí se tomaron 16 artículos, suficiente para más de 6.500 palabras
Sergio Fajardo: sergiofajardo.com
De aquí se tomaron 5 artículos y piezas de textos programáticos disponibles en la página (https://drive.google.com/file/d/1z1Ci4g9VAu6p-LFNjZd0B94g7ni6F6Dz/view)
Con ello dio para más de 13.000 palabras.
Juan Carlos Pinzón / pinzonbueno.com
Su página tenía poco texto. Acudí a dos videos en youtube donde el candidato presenta sus posiciones. Bajé el script asegurando que solo las palabras del candidato quedaran en el texto (no la de los entrevistadores). Los scripts de esos dos videos dieron para más de 15.000 palabras
Video con Laura Acuña: La Sala de Laura Acuña, Episodio 17 / Video con equipo 10 AMPRO: Episodio 170
Con los textos ya armados, un archivo Word para cada candidato, en ChatGPT Plus le di el prompt para cruzar contra el diccionario aquí disponible. Para las palabras y términos de mayor recurrencia hice chequeos manuales para poderlo expresar en la parte de los análisis técnicos.
Disclaimer
Este análisis no evalúa la calidad moral, humana o profesional de los candidatos, ni pretende determinar sus intenciones políticas. El ejercicio se limita exclusivamente a medir la frecuencia de ciertos términos en textos publicados por ellos, según un diccionario previamente definido. La presencia o ausencia de estos términos no implica necesariamente adhesión ideológica, sino que refleja patrones lingüísticos presentes en los documentos analizados. Los resultados no deben interpretarse como juicios personales sobre los candidatos, sino como un análisis descriptivo de su lenguaje político en el marco de la batalla cultural. Cualquier error en las transcripciones o en la interpretación del contenido corresponde enteramente al autor. Es un ejercicio teórico e ilustrativo; los resultados pueden variar si los textos analizados son diferentes y/o si se amplía o reduce el diccionario de términos utilizado para la comparación. Este análisis expresa únicamente una opinión. No representa la postura de ningún partido político, movimiento, institución o tercero. El autor no tiene vínculos laborales, contractuales o financieros con campañas, candidatos, partidos, empresas encuestadoras ni organizaciones relacionadas con el proceso electoral. No se busca beneficiar ni perjudicar a ningún aspirante; el propósito es estrictamente académico y analítico. La publicación de este contenido se ampara en el derecho fundamental a la libertad de expresión y opinión, consagrado en la Constitución Colombiana y en los tratados internacionales de derechos humanos. El análisis de discursos públicos es una práctica legítima en una sociedad democrática, y forma parte de la deliberación libre y plural que sustenta el debate ciudadano.


Gracias Nicolás por la granularidad del análisis. Sin duda, muy revelador.
Que buen trabajo.