Hidrófugo para la mente
Rara vez encuentra uno productos de doble funcionalidad que sean igualmente efectivos en ambas tareas para lo que fueron diseñados. El champú con rinse nació como una gran idea, pero fracasó porque el consumidor percibió que no cumplía bien las dos funciones y dejaba el pelo sucio y grasoso. Lo mismo ocurrió con el reloj con calculadora, el cuchillo con tijera y el bolígrafo con lápiz mecánico incorporado. Sin embargo, sí hay un producto que ha sido un total éxito y de aplicación cotidiana y muy valiosa en la construcción. Es el caso de los famosos agentes hidrofugantes (hidrófugos), esos productos líquidos que se le aplican a una fachada y que permiten dos cosas muy potentes a la vez: evitan que el agua penetre en el muro (función hidrofóbica) y por tanto protegiendo de hongos, filtraciones y eflorescencias, al tiempo que permiten el paso del vapor de agua desde el interior del muro (función de permeabilidad). Ello nos permite tener una fachada siempre sana que no se daña con la lluvia al tiempo que la misma “respira”, retirando cualquier humedad proveniente del suelo o de la cara interior de la fachada. Esa doble función surge de una genialidad de la química y de la ciencia de los materiales, el resultante de combinar diferentes moléculas (silanos y siloxanos) y su interacción con la porosidad del sustrato. El líquido penetra en los poros, modificando la tensión superficial de la superficie, haciendo que el agua forme gotas y se deslice en lugar de ser absorbida, pero sin crear una capa protectora que impida la salida de humedad (respiración) en forma de vapor de agua. Como todo material, tiene su vida útil, los hay con duración de 5, 7 o 10 años, al final de la cual hay que volver a aplicar.
Aterrizando la aplicación anterior al mundo de los modelos mentales y frontera de aprendizaje, que tan útil sería contar con un producto hidrofugante para la frontera de la mente, que permitiera bloquear la entrada y purgar las malas ideas (función repelente) pero que permitiera o incluso indujera la atracción y retención por las buenas ideas (función atrayente). Ese producto sería en esencia el mayor catalizador evolutivo, nos llevaría rápidamente a conquistar nuevas ideas y paradigmas, al tiempo que renovaríamos constantemente la base del pensamiento. Esa pastilla mágica tal vez no exista, pero sí hay caminos para ir creando y renovando esa necesaria membrana activa que es simultáneamente protectora y regeneradora del pensamiento.
En la actividad productiva, ya sea ésta de índole empresarial, de trabajo, de estudio o de inversión, hay modelos mentales que claramente tienen efectos limitantes para el desarrollo personal. No soy psicólogo ni sociólogo, pero no por ello estoy impedido para observar varios de esos comportamientos limitantes e incluso convivir con ellos en muchos momentos de la vida. Acá no se descubre nada nuevo, muchos de estos comportamientos limitantes fueron descritos por filósofos y pensadores, desde el estoicismo, la suma teológica de Santo Tomás de Aquino y hasta los famosos pecados capitales. En esas doctrinas se habla de cómo esos comportamientos van en contravía de la virtud o del bien supremo, que no es más que vivir racionalmente, con sabiduría, coherencia y dominio interior. Para no extenderme en terrenos de la filosofía, me concentro simplemente en los tres comportamientos limitantes que considero son los más representativos para explicar un pobre desempeño de la actividad productiva. Son esos comportamientos la pereza, la impaciencia y la dispersión. Seguramente hay otros comportamientos limitantes igualmente o más dañinos como la envidia, el resentimiento, complejos de inferioridad y baja autoestima, pero esos ya residen en forma más compleja en el ser de la persona y no son el objeto de este escrito.
En la intersección de esos tres comportamientos se revela el verdadero autosabotaje, esa triada nefasta que impide el desarrollo. Ese personaje que es a la vez perezoso, impaciente y disperso queda muy bien descrito por el “Panican”. Este término lo volvió famoso Donald Trump recientemente, un término que se puede considerar un insulto peyorativo, una mezcla de panic (pánico) y American, utilizado para ridiculizar a quienes expresan preocupación o pánico económico ante sus políticas, sugiriendo a la vez que un Panican es una persona débil, poco inteligente y sin criterio. En el modo productivo, un Panican es una persona irreflexiva y sin auto control que tiende a sobre reaccionar de manera negativa y exagerada ante situaciones medianamente retadoras, por lo tanto tomando decisiones equivocadas y contraproducentes.
En el diagrama de Venn siguiente trato de esbozar esquemáticamente el anterior modelo mental:
Definiciones
El perezoso: falta de acción sostenida, energía baja para ejecutar.
El impaciente: desea resultados inmediatos, enamorado del resultado, pero sin estar dispuesto a vivir el proceso.
El disperso: falta de enfoque, saltando de tema en tema. En paisa, es el “sapoteador” como lo acuña Hernán Jaramillo de 10AM Pro.
Análisis de las intersecciones
Zona 1: Perezoso y disperso = creativo de sofá: tiene muchas ideas, pero no ejecuta ninguna.
Zona 2: Perezoso e impaciente = turbo-locha: quiere resultados rápidos, pero no quiere esforzarse. Es contradictorio por naturaleza, sólo es paciente con su propia pereza.
Zona 3: Disperso e impaciente = zancudo mental, pica aquí y allá, pero no espera lo suficiente para chupar sangre.
El rectángulo: es la frontera del aprendizaje, cada persona decide ampliar o contraer ese marco en la medida que esté dispuesta a aprender, apropiando nuevas ideas y purgando las viejas.
Todo lo que está dentro del rectángulo forma parte del universo de análisis, es decir el universo de las ideas preconcebidas (convicciones) de cada individuo. Dependiendo de la persona, esas convicciones son numerosas y diversas, o pequeñas y obtusas, o dogmáticas, o pobres, todo ello dependiendo en gran parte de su entorno y realidad de vida y de las personas que lo han acompañado (“somos el promedio de las cinco personas que nos rodean”), sumado a la capacidad, virtud y voluntad de cada persona para retarse a sí mismo para ir ampliando permanentemente esa frontera de aprendizaje. Por fuera del marco, están las nuevas ideas y paradigmas que aún no han sido apropiadas por el individuo. Importante anotar que no necesariamente las ideas por fuera del marco son todas buenas y las de adentro todas malas, y viceversa, y es en ese equilibrio de purga vs apropiación de ideas donde el pensamiento se va regenerando. Incluso sin ser muy conscientes, en menor o mayor grado, todos vivimos esa lucha interna contra ideas con las que fuimos criados y vamos adaptando unas nuevas.
Como adentro y afuera del marco hay tanto buenas como malas ideas, en realidad cuando la frontera se amplía, entran al universo del individuo ambos tipos de ideas. Precisamente por ello es por lo que necesitamos hidrofugar esa fachada (frontera), dándole esa doble función a la frontera: una función repelente hacia las malas ideas y una función atrayente de las buenas. Por sí sola la frontera no está hidrofugada, sin ese tratamiento podemos terminar en el peor de los mundos: purgando las buenas ideas y capturando las malas, es decir convirtiéndonos en verdaderos idiotas empoderados. Si lo miramos en profundidad, en realidad el agente hidrofugante tiene cuatro funciones, y no dos:
Desde adentro: función retenedora de buenas ideas y función expulsora de las malas ideas.
Desde afuera: función bloqueadora de malas ideas y función permeable a las buenas ideas.
Por facilidad decimos que son dos funciones generales, la atrayente y la repelente, pero sabemos que toda frontera tiene dos lados y en cada lado son dos funciones. A diferencia de la fachada de construcción donde normalmente sólo se aplica el hidrófugo en la capa exterior, en la frontera de aprendizaje hay que aplicarlo en ambas caras.
La capacidad hidrofugante la construimos, pero toma tiempo y consistencia. Al inicio, la función general repelente exterior de la frontera hidrofugante no funciona tan bien, y permite que entren malas ideas, pero luego la frontera hidrofugada permite que esas malas ideas salgan. Con el tiempo, la frontera hidrofugante también va a aprendiendo a bloquear (ésta vez sí desde el inicio) la entrada de malas ideas. Pasa de ser una frontera estática a ser una frontera viva donde cada vez tiene más apetito por nuevas y buenas ideas, y casi que desprecio por las malas que va purgando y bloqueando, y es ahí cuando el equilibrio virtuoso de purga vs apropiación se establece para generar un aprendizaje valioso.
La capacidad hidrofugante se logra con la combinación de los siguientes ingredientes: dieta de información correcta, ecosistema de personas con apetito intelectual similar, hábitos de aprendizaje y un positivo modelo mental.
Si partimos de un modelo mental limitante como el expresado en el diagrama arriba, se hace entonces necesario primero romper (o por lo menos debilitar) esos tres comportamientos inhibitorios. Sin ese rompimiento, la frontera de aprendizaje no va a poder operar, haciendo innecesario siquiera su hidrofugación. El modelo mental inhibitorio es absolutamente paralizante y negacionista del aprendizaje. Existen ríos de tinta tocando temas de autoayuda y superación, y no es propósito de este escrito revelar o entender cuál es el método más efectivo para romper esos círculos viciosos de comportamiento. Claramente se parte de una consciencia en la necesidad de cambio, una disposición para cambiar y encaminar la voluntad, una purga interior por la búsqueda de un propósito. Por alguna razón que desconozco, siento un profundo fastidio por esos textos de superación personal, pero si les funcionan a las personas para romper esos tres aros inhibitorios, bienvenido sean.
Apliquemos entonces la capa hidrofugante y no permitamos que se nos desgaste, y abracemos con ganas el destino de aprender.

Buen artículo... la introducción le faltó... estuve a punto de abandonar...
Nicolas muy cierto lo que escribes, ya tomé atenta nota e inmediatamente identifique dónde debo reforzar este continuo aprendizaje. Gracias !!