Forbes no te lo dice: somos muy pobres
Hay errores que se pagan caros. Y uno de los más comunes y peligrosos en economía, política y empresa, es confundir los problemas de flujo con los de stock. Es el equivalente a confundir causas con consecuencias, o fiebre con enfermedad. Un stock es una fotografía, mide lo que existe en un momento dado. Un flujo es un video, mide lo que cambia con el tiempo. Vamos a explicar por qué algo tan simple lleva a diagnósticos equivocados y soluciones venenosas.
En finanzas, el contraste entre flujo y stock se ve clarísimo en dos documentos fundamentales que hacen parte de los Estados Financieros de una compañía:
El Balance General, que ahora en Colombia llamamos de manera rimbombante como Estado de Situación Financiera, muestra el stock. El stock son los activos, pasivos y patrimonio a una fecha.
El PyG (Pérdidas y Ganancias), que ahora en Colombia llamamos de manera rimbombante como Estado de Resultados Integral, muestra el flujo. Es decir, muestra los ingresos menos los gastos, y el resultante de utilidades durante un periodo.
Entre stock y flujo siempre hay una variable que los une. En este caso, es la utilidad neta, ese puente invisible que cada año fluye del PyG al Balance, aumentando o disminuyendo el patrimonio. La utilidad neta, último renglón del PyG pasa a ser un renglón llamado utilidades del ejercicio dentro del Patrimonio en el Balance.
La relación stock flujo no sólo se da en finanzas, sólo para ilustrar muestro tres ejemplos más:
Agua y embalses
El embalse es el stock: la cantidad de agua almacenada.
El caudal del río es el flujo: el ritmo al que entra o sale el agua.
La variable que los une: el nivel del embalse, que sube o baja según el flujo neto.
Dinero y ahorro
El ahorro acumulado es un stock.
El ingreso menos gasto es un flujo.
La variable que los une: el ahorro neto.
Educación y conocimiento
El conocimiento adquirido es un stock.
El aprendizaje diario es un flujo.
La variable que los une: la curva de aprendizaje.
Y hay muchos ejemplos más: salud y hábitos, reputación y acciones, capital y depreciación, inventario y ventas, entre muchos otros. La clave está en identificar que el flujo afecta al stock. Uno es causa y el otro es consecuencia. Por eso las soluciones y los remedios se deben aplicar siempre en la fuente, en el flujo. En el ejemplo del embalse, si hay sequía (problema de flujo) no sirve traer camiones cisterna una vez (solución de stock), el agua se acaba igual. Lo que se necesita es restaurar el flujo (las lluvias o el caudal). En el ejemplo del ahorro, si una persona gana menos de lo que gasta, ningún “auxilio” (solución de stock) resuelve su problema estructural porque el flujo sigue siendo negativo. En el ejemplo de la educación, no se resuelve el atraso educativo regalando tablets (solución de stock), sino mejorando el flujo de aprendizaje: maestros, disciplina, cultura del estudio.
El flujo es la vida del sistema. El stock es sólo la consecuencia acumulada de flujos pasados. Por eso las empresas mueren cuando se enfocan en conservar, no en innovar. Las economías colapsan cuando castigan el ingreso y celebran la repartición. Y las personas se empobrecen cuando se obsesionan con “guardar” sin seguir creando.
El espectáculo del stock
Sin embargo, en economía política resulta muy rentable enarbolar soluciones de stock. Son soluciones efectistas y llamativas, que comunican de manera potente porque el ciudadano ve algo que se mueve. En este caso el político actúa como un mago, muestra movimientos: una transferencia de dinero, una subvención, una condonación de deuda, un impuesto a los ricos o una reforma tributaria “redistributiva”. Esos movimientos generan una sensación inmediata de acción, el Estado “hizo algo”, alguien “recibió algo”. El problema es que ese algo pertenece al plano del stock: es una masa de recursos reasignada, no un flujo nuevo creado. Pero sabemos que los magos hacen trampa, y ella radica en que el traslado de un stock no es lo mismo que la creación de un flujo. Ver plata moverse no es lo mismo que ver riqueza crearse. Pero la trampa no se ve, y por eso estas medidas son tan seductoras: producen un cambio visible, tangible, emocional. Un cheque llega, un subsidio se deposita, una deuda desaparece.
Y lo mediático amplifica ese espejismo. La cámara muestra el instante del reparto, no el vacío que deja. La narrativa política se alimenta de esos gestos inmediatos, son fáciles de anunciar, imposibles de sostener, y muy difíciles de revertir.
Por otro lado, las soluciones de flujo (productividad, educación, competencia, inversión) son silenciosas, tardan años, y no garantizan aplausos. Y como el político es un cazador de votos y de audiencias, no propone soluciones de flujo, tiene el incentivo perverso de crear movimientos de stock que resuenen en el ideario de la gente. Y el resultado es tristemente predecible, una economía llena de movimiento aparente, pero sin dirección real. Políticamente parece acción, económicamente es sólo redistribución estática.
El show de la repartición de la riqueza
Dentro de esas ilusiones de stock que se proponen fácilmente está la de distribuir la riqueza. Es una solución simplista pero efectiva, alimenta emociones profundamente humanas y suena “justo”: tomemos del stock de los más ricos y repartamos a todos los demás. Y pongámosle maquillaje de justicia social. De esto se ha escrito mucho, por ello quiero enfocarme en tratar de desnudar lo inocua que sería esta solución así se pudiera aplicar.
Asumamos por un momento que un Estado pudiera tomar toda la riqueza de los “más ricos” y repartirla a los demás. Más allá de la imposibilidad legal, ética y práctica, digamos que son capaces. Para el caso de Colombia, tomé el listado de los 6 más ricos (revista Forbes). Sabemos que esos listados se hacen principalmente con información de capitalización bursátil, y en términos prácticos es imposible liquidarle sus acciones todas al mismo tiempo, habría que encontrar un comprador que tome esa posición, y que el dinero que recibe el antiguo dueño se lo expropie el Estado. Qué comprador va a tomar esa posición a sabiendas que al que le compró lo expropiaron, inmediatamente piensa que su destino será el mismo. Pero, para hacer el ejercicio, digamos que sí se puede.
Según Forbes, los 6 más ricos de Colombia tienen un patrimonio de 38 billones de dólares (billones de los americanos). Con un dólar a 3.900 pesos, y repartiendo a los 52.8 millones de colombianos, cada ciudadano recibiría por una única vez menos de dos salarios mínimos (ver tabla abajo). Es decir, muchas décadas de flujos creados por empresas como Bavaria, Avianca, Caracol, Nubank, Grupo Aval, Corficolombiana, Nutresa, Yupi y Rimax dejan un stock que sólo da para un pago único de 2 salarios mínimos a cada colombiano. A mi este dato me deja particularmente atónito, porque muestra lo difícil que es crear y sobre todo acumular riqueza.
Pero bueno, alguien dirá: no paremos aquí y sigamos con los siguientes más ricos. En la realidad, si expropiaran a los 6 más ricos, los siguientes saldrían huyendo con el dinero que puedan. Recordemos la frase “no hay nada más cobarde que un millón de dólares”, que se refiere al hecho históricamente comprobado que el capital huye ante la mínima señal de incertidumbre. Pero sigamos con el ejercicio, digamos que los siguientes 94 más ricos no pudieron proteger nada. Como no hay publicación con los 100 más ricos, podemos hacer una aproximación matemática. Después del puesto 6, la curva de patrimonio obedece a una forma logarítmica (ley de potencias) siguiendo el patrón que ya nos marcaron los primeros seis. Ello nos da que los 100 más ricos acumularían cerca de US$ 160 mil millones. Entonces, si con los primeros 6 más ricos, a cada colombiano nos asignan 1.98 salarios mínimos, con los primeros 100 más ricos nos asignan ahora un único pago de 8.3 salarios. Ya este numerito es mejor, con 8.3 salarios que me tocan a mí, que son casi 12 millones de pesos, me compro el último iphone y me da para una semana de farra en Cartagena. Cada uno hará lo que quiera con sus 12 milloncitos, lo mío lo tengo claro: iphone, champeta y coco loco.
Pero no paremos ahí, ya entrados en gastos repartamos TODA la riqueza acumulada (stock) de Colombia. ¿Y cuánto es eso? No es fácil calcularlo, porque la riqueza total implica sumar todos los activos netos: bienes raíces, activos financieros, empresas privadas, etc., menos deudas y pasivos. Los datos disponibles frecuentemente sólo cubren patrimonio privado de hogares, o activos financieros, o activos menos pasivos, pero no la totalidad del stock de riqueza (incluyendo empresas, patrimonio público, etc.). Las fuentes pueden estar desactualizadas, usar diferentes definiciones o estimaciones, lo que dificulta comparaciones. Pero haciendo algo de investigación, encontré una fuente que seguramente le fascina a los expropiadores (inequality.org). En uno de sus artículos, esa fuente señala que el 1 % más rico del país posee US $ 229.7 mil millones, lo que equivaldría al 37.3 % de la riqueza total. Con esos dos datos, entonces el 100% de la riqueza total son US $ 616 mil millones.
Ratificando el dato, encontré en el Credit Suisse Global Wealth Databook 2022 (última edición completa con anexos por país) exactamente el mismo dato. Página 109, para Colombia con una riqueza de 616 USD billion (americanos).
Entonces tomando toda la riqueza del país, nos da para que a cada colombiano nos toque un único pago de casi 32 salarios mínimos, algo como 45 millones de pesos. Con eso me da para el iphone, un carrito de segunda (ya lo tengo visto, un Spark modelo LTZ 2013, rines de lujo, cojinería de cuero, viejito pero está una “uva”) y el mismo paseo a Cartagena pero con más coco loco. Después del paseo, vuelvo a un país 100% pobre. Bueno, me tocará vivir del recuerdo del paseo, sin gasolina para el carro y con un iphone sin plan porque ya plata no hay. Ahí lo tienen, la igualdad perfecta, el tan anhelado coeficiente de Gini en cero; ese es el paraíso de la justicia social, todos iguales, pero de pobres.
Lo realmente sorprendente del dato de US $ 616 mil millones es lo poquito que es. La empresa Walmart vende cada año más que eso, o sea que una empresa genera más en un año que todo lo que ha acumulado un país de más de 50 millones de habitantes.
Esa “riqueza” colombiana equivale básicamente a 1.5 veces el PIB nacional (PIB de Colombia en 2024 alrededor de 400 mil millones de dólares). Es decir, después de doscientos años de vida republicana, los colombianos sólo hemos podido acumular riqueza equivalente a 18 meses de producción. Eso nos demuestra dos cosas:
acumulamos riqueza a un ritmo bajísimo
lo obvio: somos MUY pobres.
Alguien dirá: pero es que esa comparación no es válida porque se compara un stock acumulado contra la producción (flujo) del último año, y la acumulación viene de años atrás cuando el PIB era menor. Válido. Pero entonces comparemos nuestra pobreza contra la acumulación global, y en los mismos términos, ahí sí no hay discusión de metodología.
La riqueza global es poco más de 900 Trillones de dólares (de los americanos). Datos tomados del video de Michael Saylor, muy recomendado: The Digital Gold Rush.
Esa riqueza global son básicamente 9 veces el PIB global (PIB global 2024 aprox 110 trillion USD). O sea que el mundo ha acumulado el equivalente a 9 años de producción, mientras que Colombia ha acumulado 1.5 años. Esta sí es la prueba reina de nuestra incapacidad, el mundo acumula capital a una velocidad que es 6 veces mayor que la nuestra. La prueba ácida de nuestra pobreza no está en los bolsillos vacíos, sino en la velocidad con que logramos llenarlos. El mundo crea flujos que multiplican su stock, nosotros seguimos repartiendo lo poco.
Epílogo: el partido del flujo
Acumular riqueza no es un acto de codicia, sino de supervivencia. Un país que no acumula vive al día. Una empresa que no retiene utilidades vive del crédito. Una familia sin ahorro vive del susto.
La riqueza bien entendida no es sólo tener, es sobre todo poder seguir generándola.
Es importante entender que el flujo es lo que da vida al stock. Una sociedad sana incentiva la generación de flujo, y protege a quienes acumulan. En términos económicos, acumular riqueza es convertir tiempo pasado en seguridad futura. Es lo que diferencia una economía frágil de una resiliente. Una nación rica no es sólo la que tiene más PIB (flujo), sino la que logra que parte de ese flujo quede atrapado en capital productivo, conocimiento, infraestructura y confianza.
Las sociedades no se empobrecen porque unos tengan mucho, sino porque el flujo de creación de valor se detiene. Y son las llamativas soluciones de stock las que detienen el flujo. Cada vez que nos hablen de justicia social, imaginemos el mundo después de la repartición que hicimos, viviendo en un mundo de carros viejos (Spark modelo LTZ 2013) sin gasolina y celulares que no funcionan, y viviendo del recuerdo de un paseo. ¿Alguna isla del caribe les suena familiar?
Más bien pensemos en grande, en chorros y no en gotas, y en baldes sólidos no perforados que acumulan capital. Así que la próxima vez que oigamos promesas de reparto, preguntémonos: ¿Habla el partido del flujo o el partido del stock? Yo ya sé por cuál votar.

Es la tasa de ahorro (flujo que genera stock de capital) y de R&D (flujo q genera stock de tecnología) lo q tiene a Colombia postrada. Muy bien ilustrado Nico!
que buen articulo Nico! que claridad de conceptos y de ejemplos